martes, 8 de julio de 2008

Aido ha ido

El estar orgulloso suele ser bueno, excepto cuando se está orgulloso de algo deleznable. Entonces es, indiscutiblemente, malo. Este parece ser el caso del Día del Orgullo Gay. Solo en el caso de que “gay” signifique homosexual podría asumir que pudiera tenerse ese orgullo. Cuando se está orgulloso de pertenecer a esa tropa degradada que celebra una cabalgata obscena, soez, provocativa, zafia, e irrespetuosa hasta consigo misma, lo del orgullo me parece, cuanto menos, deshonroso y humillante para unas personas que, como todas, son sujeto de dignidad humana. Otro asunto es la propia renuncia personal a esa dignidad de persona.

Aquí hay dos vertientes a considerar, la de la tropa en si misma y la de la de los que desde instituciones, puestos, o entidades oficiales, fomentan la fiestecita en cuestión. Son dos ámbitos diferentes. La tropa es pura carne de cañón para los objetivos de los segundos. De la tropa solo cabe compadecerse y protegerse. De los responsables e impulsores de la “movida” ya no cabe tanta compasión. De los promotores, y de aquellos que enardecen los ánimos de la tropa con fines de una manipulación interesada que solo conduce a la degradación de las personas participantes solo cabe un juicio moral gravemente negativo, aunque solo nos limitemos al ámbito de la convivencia ciudadana.

Seamos claros, en ese grotesco espectáculo del Día del Orgullo Gay nada tiene que ver la homosexualidad. Querer mostrar y comparar a esos personajes de caricatura degradada de la cabalgata gay con tantas personas de condición homosexual, dignas y respetables por ser personas, como si fueran lo mismo, es una afrenta tan manipuladora y vil como resultaría mostrar a un grupo de machistas como representación de los ciudadanos de genero masculino, o a unas prostitutas como la encarnación de lo que son nuestras mujeres.

La manipulación política del asunto consiste en el falaz razonamiento siguiente: Toda esa degradada tropa son homosexuales, lesbianas, transexuales, etc., luego todos los homosexuales, lesbianas, etc. son como esa “tropa degradada”, y si tú estás en contra de esta tropa estas en contra de todo homosexual y, además, eres un fascista, fanático, retrógrado, etc. que estás en contra del progreso.

Por eso digo, que son aquellos que impulsan esta dinámica torticera y manipuladora de la opinión pública más inculta –aquellos promotores y patrocinadores que sí tienen mala conciencia, y persiguen intereses personales, de grupo, o de partido- los que merecen la reprobación por parte de cualquier persona de recta conciencia, cualquiera que sea su posicionamiento político o religioso. Por eso, entre otros, una representante del gobierno actual, la “ministra miembra” Aido, ha ido.

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